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Carlos Tévez: el legado de Fuerte Apache

La vida es una suma de decisiones que nos va llevando por un camino u otro. Una simple decisión, una mínima acción, puede marcarla por completo y llevarnos por una senda totalmente opuesta a la que recorremos. Nos puede desviar y frenar o nos puede aupar y llevar por la senda correcta. Este artículo es un homenaje al camino de Carlos Tévez que se marchó de su barrio para cumplir su sueño, y el de todos sus amigos y compañeros del Santa Clara, que no pudieron conseguirlo. Siempre con sus amigos y su dura infancia marcados en su piel. Cicatrices que han hecho más fuerte a una de las máximas leyendas de la historia de Boca Juniors. De Fuerte Apache al mundo.

La infancia de Carlos «Carlitos» Alberto Martínez, años más tarde Carlos Tévez, fue muy dura y marcó lo que sería Carlitos como jugador. Nunca llegó a conocer a su padre biológico porque abandonó a la familia al poco de nacer y acabó perdiendo la vida en un tiroteo años más tarde. Su madre biológica le abandonó cuando Carlitos apenas superaba los seis meses. Entonces apareció la figura que cambiaria y marcaría su vida: la que le apoyaría y le guiaría por la senda correcta: él por aquel entonces novio de la hermana de su madre, es decir su tío político, Domingo Tévez. Carlitos ya era un Tévez.

Domingo fue el pilar más importante en la vida de Tévez. Junto a él, su mujer la hermana de su madre, Adriana Martínez, que acogieron a ese chaval que con seis meses sus dos padres habían dejado de lado. «Mi papá se hizo cargo de mí sin tener nada que ver conmigo. Me vio muy chico, indefenso, sin guía. Se hizo cargo de algo que no tenía obligación.» dijo un agradecido y emocionado Tévez en una entrevista reciente tras el fallecimiento de Domingo en 2021. Un bache más en la vida del apache. Porque para Tévez su padre fue y es Domingo. Por eso desde que tuvo consciencia de la situación Carlos Alberto Martínez pasó a llamarse Carlos Alberto Tévez. Una cuestión de valores y agradecimiento.

La vida de Carlos Tévez cambió para siempre con diez meses, cuando al pequeño apache se le cayó una olla de agua hirviendo en cuello, cara y pecho lo que le provocó unas importantes quemaduras de tercer grado. El pequeño Tévez estuvo ingresado más de dos meses y las heridas tornaron en una enorme cicatriz. Una marca que porta orgulloso Carlos y que simboliza su pasado y presente. El símbolo de seguir adelante. Pudo quitársela, arreglarla o al menos esconderla, pero Tévez nunca la ha ocultado. Es parte de él.

Tras el suceso, el pequeño Tévez creció en el barrio de Ejército de los Andes más popularmente conocido como Fuerte Apache. Uno de los barrios más grandes de la provincia de Buenos Aires y uno de los lugares con más índice de delincuencia y narcotráfico de la ciudad argentina. Allí Carlitos comenzó a dar patadas a un balón… o a lo primero que se encontraba.

«Vengo de un barrio del que me decían que triunfar era imposible»

Carlos Tévez

Norberto Propato, quien fuera entrenador de Tévez en All Boys, un club de sus inicios, cuenta la primera vez que vio a Tévez «tenía cinco años estaba descalzo jugando con una piedra… y aun así destacaba«. Esa imagen no se le iba de la cabeza a Norberto y días después, llamó al timbre de los Tévez para intentar llevar a Carlitos al All Boys. Le pidió a su padre que le comprara unas botas y le llevará a probar al All Boys. Tras mucho insistir, Domingo Tévez aceptó.

Tévez formó uno de los mejores equipos en la historia de la cantera de All Boys. Además de su hermano Diego, Cabañas, El Morci, Pichila, Zapata. Tevez los mencionaba con orgullo. « armó una linda banda», recordaba emocionado en un reportaje. Ese equipo arrasó en la liga. Carlitos con el 9 y su inseparable amigo Darío Coronel con el 10 (se le conocía como Cabañas por su parecido al delantero paraguayo Roberto Cabañas, ex de Boca Juniors). Formaban la mejor sociedad de Fuerte Apache. Amigos y rivales en la cancha. Los dos querían ser el mejor.

Carlos y Darío se criaron juntos en el nudo 1 de los bloques de apartamentos de Fuerte Apache. Eran inseparables, eran hermanos. Fueron a la misma escuela y compartieron el campo de tierra del barrio y los clubes de su infancia: el Santa Clara y All Boys. En los dos fueron campeones. Nadie les podía frenar. Darío era el 10, el crack. “Puf, qué jugador… era un monstruo, eh. Todo el ambiente del fútbol hablaba de él. Hasta era mejor que Carlitos» Así hablaba Norberto de Cabañas. De un jugador que recorrería un camino equivocado y diferente que el de su hermano Tévez, el camino incorrecto.

A los 11 años, los dos probaron en el Club Atlético Vélez Sarsfield. Su primera experiencia en fútbol 11. Cabañas fue elegido. Tévez no. Y por primera vez en 11 años separaban sus caminos futbolísticos. Cabañas pronto se hizo líder y capitán en las categorías inferiores de Vélez, llevaba el dorsal 8. Iba para crack. Por otro lado Tévez entró en la cantera de Boca Juniors, el club de su vida. Las dos vidas paralelas separaban sus caminos futbolísticos… y los vitales. Aunque continuaron una amistad forjada en Fuerte Apache.

Cabañas pronto comenzó a desviarse del camino. Continuas falta de disciplina, conductas antideportivas y ausencias a los entrenamientos y partidos del club. Entró en la banda callejera del nudo 1 de Fuerte Apache, los conocidos Backstreet Boys y pronto comenzó a tener problemas con la ley. Mientras Carlos Tévez guiado por Domingo, una figura con la que Cabañas no contaba, comenzaba a destacar en Boca.

«Tienes el futuro en tus pies… Un futuro impresionante en una carrera que es hermosa. Haz las cosas bien» le llegó a decir Norberto a Cabañas en una de las últimas ocasiones que pudo hablar con él. Cabañas tenía 15 años. Y ya no tenía marcha atrás. Por su parte, Tévez seguía con su meteórica carrera, llegando a ser convocado con la selección argentina Sub 17 para el Mundial de Trinidad y Tobago de 2001.

El sueño de Tévez de vestir la albiceleste se cumplía. El apache fue el mejor jugador argentino en un Mundial que ganaría Francia con la actuación de un viejo conocido de la liga española, Sinama Pongolle. El ex del Atlético de Madrid y Recreativo de Huelva entre otros, fue el mejor jugador de un torneo donde empezaba a despuntar en España un chaval llamado Andrés Iniesta.

Durante ese torneo, mientras Tévez anotaba un gol en las semifinales ante Francia, en Fuerte Apache su amigo Cabañas se suicidaba huyendo de la policía después de un atraco con su banda. Dos vidas unidas que siguieron sendas distintas por una pequeña decisión. Tévez se enteró al volver a casa. Otro golpe duró de soportar para Carlitos.

«Dedícame un gol boludo» le llegó a decir Cabañas justo antes de que Carlos se marchase a disputar el mundial. Por ello, Tévez durante muchos años de su carrera cada vez que anotaba un gol miraba al cielo para dedicarse a su hermano Darío. Tenía un motivo más para triunfar.

La carrera de Tévez no necesita ninguna explicación. Héroe y leyenda de Boca, mejoró como jugador en Corinthians para poder dar el salto a Europa. Aterrizó en la Premier, al este de Londres, llegando junto a su compatriota Mascherano al West Ham. Tras un comienzo con dudas en su primera experiencia en Europa, fue el protagonista principal en la salvación de los Hammers con un gol que le abriría las puertas del Teatro de los Sueños.

El West Ham llegaba a Old Trafford con la necesidad de puntuar para salvarse y fue Tévez con un gol quien daría el triunfo al club de Londres. Un gol y una actuación que no pasó desapercibida para Sir Alex Ferguson que pidió su fichaje en el mercado que estaba a punto de comenzar.

En el Manchester United formó una de las tripletas históricas del club junto a Cristiano Ronaldo y Wayne Rooney para conquistar la Premier y la Champions League. Su salida, aún considerada traición, duele en la mitad de la ciudad de Manchester ya que al finalizar la cesión que tenía pactada el United con el West Ham sin que hubiera acuerdo, Tévez firmó con el otro club de la ciudad: el Manchester City.

Allí junto a David Silva, y con Roberto Mancini de entrenador con él que luego tendría un rifirrafe el cual dinamitaría su salida del club, llevó al equipo skyblue a la conquista de su primera Premier League. Tras cuatro años en el City, y siete en la Premier llevando el mismo dorsal, el 32, Carlos cogió las maletas y se fue a Turín, a la Juventus. A liderar al equipo con el dorsal 10. El de Cabañas.

En Turín hizo grandes temporadas y se vio al mejor Tévez. Fue elegido el mejor jugador de la Juventus de la temporada 2013/2014 y conquistó dos Series A y una Copa de Italia. Dos años después, Carlos tomó una decisión: ya era hora de volver a casa, al club que le vio nacer, al de su vida: regresó a Boca Juniors hecho un hombre.

En Boca estuvo cinco temporadas en seis años, teniendo un breve paso entre medias por la liga china en el Shanghái Shenhua donde se convirtió en el jugador mejor pagado del planeta. En Boca ganó la liga y llegó a disputar la final de la Copa Libertadores ante el máximo rival: el River Plate en 2018. Una final que se jugó en Madrid.

Tévez con el 10 de Cabañas

El 4 de junio de 2021 Tevez volvió a separar su camino de Boca y del fútbol, necesitaba parar. Su padre Domingo había fallecido. El fútbol ya no era prioridad. Lo era su familia.

Tevez considerado el jugador del pueblo, siempre tan apreciado por las aficiones de los clubes que representó, reunía una serie de condiciones y virtudes para triunfar como profesional: fuerte pero a la vez técnico, rápido y con una facilidad para el golpeo con las dos piernas. Aunaba dos de las condiciones más difíciles de ver en el mundo del fútbol: Calidad y agresividad. Y las unía de una manera que potenciaba sus condiciones. Un jugador que marcó haya donde jugó. Uno de esos jugadores diferentes.

Carlos Tévez pudo haber elegido un camino equivocado o haberse desviado del camino correcto por una mínima decisión pero su determinación para sobreponerse a todas las adversidades de su trágica vida y sus pilares familiares le llevaron por el camino adecuado. Su infancia marcada en su piel terminaría convirtiéndole en la persona y futbolista que es hoy y le haría reunir los valores de respeto, humildad y sacrificio que han marcado toda su carrera.

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