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Sandro Mazzola: El legado de la herencia

Dentro de la narrativa de la historia del fútbol, el deporte rey ha escrito capítulos que han sido reescritos o continuados por una persona muy afín al jugador que precedía. Unas veces superando el legado dejado, otra igualándolo y otras abriéndose su propio camino. Unos capítulos escritos y narrados por miembros de una misma familia que han perpetuado el apellido familiar y han hecho historia portando el mismo nombre en la camiseta. Una de esas dinastías es la italiana de apellido Mazzola, Valentino y Sandro. Sandro y Valentino. La saga Mazzola, una mítica huella del Calcio.

Una historia que tiene de nexo común y de punto de inflexión el día en que Sandro, con seis años, se prometió a sí mismo ser futbolista como su padre. Fue un 4 de mayo de 1949, su padre cogería un avión en Lisboa, sería la última vez que pisaría tierra en su vida. Il Grande Torino, que tenía a Valentino Mazzola como referente, líder y capitán viajó a tierras portuguesas a jugar un amistoso ante el Benfica en un partido homenaje a una gran figura del club lisboeta, Xico Ferreira. Por aquel entonces el Torino reinaba en Italia, y hubiera reinado en Europa de no ser porque aún no existía la Copa de Europa. Todos querían jugar contra ellos.

Tras el partido, que acabaron siendo derrotados por el Benfica 4-3, el club tirunés cogió un avión para volver a Italia. Ese vuelo nunca aterrizó. A aquel acontecimiento se le conoció como la Tragedia de Superga. Allí perdieron la vida la mayor parte de aquel mítico club italiano, entre ellos el padre de Sandro, Valentino Mazzola. Una de las mayores tragedias de la historia del fútbol. Un capítulo, el de Valentino, que no se cerró… hasta que su hijo recogió el testigo, tomó la responsabilidad del legado de su apellido y lo elevó con letras doradas a los altares de la historia del futbol mundial.

Valentino Mazzola y su hijo Sandro

El comienzo de un sueño

La historia de los Mazzola comienza en Cassano d’Adda un 26 de enero de 1919, a 30 km de Milán. Valentino nace en el seno de una familia humilde y numerosa y pronto comienza a trabajar de panadero en la región. El fútbol se convirtió en su única vía de escape. Valentino, que muy pronto quedó huérfano de padre, se entretenía yendo y viniendo de trabajar dando patadas a todos los objetos que se le cruzasen por el camino y lideraba el equipo modesto del pueblo donde vivía.

Con 19 años un empleado de la fábrica de Alfa Romeo en Milán, vio jugar al joven Valentino y acabó prendado de su juego. El empleado le ofreció un puesto de mecánico en la empresa y un lugar en el once el equipo de Alfa Romeo que, por aquel entonces, disputaba la Serie C italiana. Valentino ni se lo pensó. Solo pudo estar un año porque le llegó una llamada y tuvo que dejarlo todo. El servicio militar, el cual era obligatorio, le llevó a Venecia. Dejó el equipo pero nunca dejó de lado el fútbol.

En Venecia mientras hacia el servicio militar, Valentino continuaba ligado al deporte rey y disputaba partidos en sus ratos libres. En uno de ellos un seguidor del Venecia se fijó en ese delantero técnico que dominada todas las facetas del juego y decidió que ese chico tenía que estar en el club de la ciudad. Días más tarde Valentino dejó sorprendidos y perplejos a todos los técnicos del Venecia, sobre todo a su entrenador Giuseppe Girani, al destacar en las pruebas jugando descalzo, porque como él mismo reconocía, no quería desgastar sus únicos zapatos. El 31 de marzo de 1940 Valentino Mazzola debutaba en la Serie A italiana. Tenía 21 años. Era el comienzo del primer gran jugador total del fútbol mundial.

Antes incluso de Alfredo Di Stefano, Valentino Mazzola fue el primer precursor del fútbol moderno. Interior zurdo que se movía por todo el campo. Técnico pero a la vez trabajador. Visión privilegiada y agresivo sin balón. Goleador y defensor. Pero ante todo, capitán. Era el sinónimo de compromiso, liderazgo y sobre todo, sacrificio. Fue el primer gran jugador total. Y esas grandes cualidades le llevaron al Torino en 1942 siendo uno de los fichajes más caros de la época. Y uno de los fichajes más fructíferos de la historia. En Torino dejó una huella imborrable en la mejor etapa del club de su historia. En Turín lideró el mejor club europeo de la época durante siete años.

Valentino Mazzola, 1948

Fueron siete temporadas capitaneando a aquel equipo que se le conocía como Il Grande Torino el cual ganó todo lo que disputó y ningún equipo del continente pudo ser rival. Solo le frenó la Gran Guerra que provocó el parón del fútbol italiano dos años. Un parón que no afectó a Mazzola que a su vuelta retornó incluso con mayor superioridad sobre el campo. Fueron cinco ligas italianas y dos copas de Italia. Máximo goleador en una de ellas. Líder y capitán del club de Turín. Mazzola, Ezio Loik y compañía llevaron al Torino a la mejor etapa de su historia. Tan superior era ese equipo que en la selección nacional de Italia partían todos de inicio salvo el portero. Un equipo de leyenda que venció a todo y todos… hasta aquel fatídico 4 de Mayo.

Un 4 de mayo que cambió la vida del fútbol italiano y que cambió la vida de Sandro Mazzola, hijo de Valentino, que como su padre quedaba huérfano a una edad muy temprana. Aquel Torino de leyenda acababa de disputar un amistoso ante el Benfica en Lisboa y cogería el avión Fiat G.212 de Avio Linee Italiane a la mañana siguiente. Un avión que nunca debió haber volado debido a las condiciones meteorológicas que había aquel día en Turín. Ese vuelo terminó estrellándose contra el muro de contención en la parte posterior de la Basílica de Superga, que se encuentra en la colina de Turín cerca de la pista de aterrizaje del aeropuerto turinés. Allí perdieron la vida 18 jugadores del Torino, los diez titulares de la azzurra en los que se encontraba el capitán de los dos equipos y padre de un joven de seis años, Sandro Mazzola.

Sandro Mazzola: el heredero del fútbol total

Cargar con el apellido de uno de los jugadores más importantes de la historia de Italia supuso una responsabilidad enorme al joven Sandro pero nunca arrugó su voluntad y su promesa: ser futbolista como su padre, continuar el legado que la vida le había privado. Sandro recogió el testigo del apellido Mazzola y a más de 100 km y vistiendo los colores azul y negro del Inter de Milán, Sandro marcó una época en el fútbol italiano. En honor a su padre y en honor al apellido que representaba.

Sandro nació en 1942 en Turín, su padre había firmado unos meses antes por el Torino, club donde marcaría época. El joven tenía seis años cuando su padre perdió la vida en aquel avión, Benito Lorenzi, delantero del Inter y gran amigo de su padre, pidió a la ex-mujer de Valentino que le permitiese llevar y criar a Sandro y su hermano en Milán donde también esperaba Giuseppe Meazza (mítico jugador y entrenador del Inter), que conmocionado por la catástrofe de Superga, acogió en su club y en la ciudad a los dos hijos de la figura Italiana. Allí Sandro siguió su senda futbolística viendo todos los partidos desde la banda de San Siro, aprendiendo de los mejores y comenzando su carrera profesional con la camiseta nerazzurri del Inter de Milán.

Una senda que pudo haberse truncado demasiado pronto, ya que el peso del apellido Mazzola comenzó a hacer dudar al joven Sandro. “Cuando era joven me resultó muy difícil, porque todo el mundo esperaba ver a un jugador de tanto talento como mi padre. Pero yo no tenía las mismas cualidades. Llevaba muy mal los comentarios de los hinchas, a veces negativos, hasta tal punto que llegué a estar cerca de dejar el fútbol. En aquella época no se me daba mal el baloncesto, así que probé con el equipo de Milán, que se llamaba entonces «Borletti». Durante dos meses dudé entre los dos, y me dediqué a ambas actividades. Al final elegí el fútbol.» Y menos más que escogió el fútbol, porque el deporte rey, y el futbol italiano, ganó uno de los símbolos más importantes de la historia del Inter de Milán.

Sandro Mazzola junto a Pelé

Sandro Mazzola debutó con el Inter de Milán el 10 de junio de 1961 ante la Juventus. Una fecha para la historia del Inter de Milán, acababa de debutar uno de los jugadores más relevantes de su historia. Con Sandro, el Inter se hizo el mejor equipo del mundo arrebatándole la corona al que por aquel entonces dominaba el fútbol de todo el continente, el Real Madrid de las cinco Copas, el Madrid de Alfredo Di Stefano.

Aquel Inter lo lideraba en el campo Mazzola junto al mítico español Luis Suárez que llegó un año después del debut de Sandro junto al entrenador que lo cambiaría todo Helenio Herrera. Un equipo hecho a medida del entrenador, que fue el creador y adalid del fútbol conocido como catenaccio pero que contaba con dos jugadores de los más talentosos de la época: Sandro y Luis Suárez. Aunó talento, trabajo y sistema en uno de los mejores equipos de la historia.

Ese Inter de Milán de Mazzola conquistó cuatro Series A, dos Copas Intercontinentales y dos Copas de Europa. La primera venciendo al todopoderoso Real Madrid de Di Stefano, Puskas, Amancio y Gento por 3 a 1 con doblete de Sandro Mazzola, en una edición dónde sería máximo goleador. Con la selección italiana conquistó una Eurocopa y se quedó a las puertas de ganar el Mundial de México 70. Solo la Brasil de los cinco dieces pudo con ellos.

Sandro Mazzola como su padre también sería máximo goleador de la liga italiana y terminaría su carrera con más de 100 goles anotados en la competición nacional. Como jugador su fútbol brilló en el perfecto engranaje del sistema defensivo de Helenio Herrera, quien le definió como “un jugador de toda la cancha”. Era goleador, aguerrido y voluntarioso, una pieza clave en aquel Inter de Milán. Una camiseta de la que nunca se desprendió y siempre defendió. Un jugador de club. Un futbolista para toda la vida. Un One Club Men. Sandro Mazzola. Representando y continuando un legado familiar.

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