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Frank Beckenbauer: el legado del kaiser

El fútbol ha sido un deporte injusto. Premiando siempre los goles, regates y jugadas ofensivas y dejando en el ostracismo a quien evita o interfiere en esas acciones de virtuosismo. Los defensas siempre tan criticados, tan defenestrados y tan en el ojo del huracán por ser el principal impedimento para que las estrellas puedan brillar. Nunca pudiéndose librar de la premisa de poner en duda sus condiciones técnicas y su calidad con el balón en los pies. Siempre fue así hasta que llegó él y lo cambió todo. El Kaiser de Alemania. El Emperador del fútbol europeo. Franz Beckenbauer. El defensa más completo de la historia. Y uno de los mejores jugadores de todos los tiempos.

Comenzó destacando en delantero. Reinventó en Munich la posición de libero otorgando al central una nueva dimensión. Se convirtió en el jugador más destacado y dominante del equipo desde una de las posiciones más alejadas de la portería rival. Transformó un equipo de media tabla en el equipo más grande de toda Europa. Del Munich al todopoderoso Bayern de Munich. Llevó a su selección a reinar en Europa y en el mundo veinte años después del Milagro de Berna, un acontecimiento que impresionó al pequeño Franz. Su rivalidad en Europa con Johan Cruyff marcó un antes y un después en el fútbol. Y su imagen en aquella semifinal del Mundial de 1970 con el brazo en cabestrillo es historia de este deporte. Por todo esto y por su increíble palmarés, Franz Beckenbauer dejó una huella imborrable y un legado histórico en este deporte.

Cuando Pelé- la propia leyenda brasileña, rival y compañero- ha llegado a expresar su admiración y a considerar inigualable en términos de capacidad futbolística el juego del alemán entonces sabemos que ese jugador debió ser algo muy especial.

Frank Beckenbauer celebrando tras ganar el Mundial de 1974

El origen del Kaiser

Año 1945. Cuatro meses después de la rendición de las tropas alemanas y de la victoria aliada en la Segunda Guerra Mundial, Franz Anton Beckenbauer nacía en la masacrada ciudad de Munich un 11 de septiembre. El pequeño Frank se crió y empezó a dar las primeras patadas a un balón entre los escombros de una ciudad derruida y una sociedad deprimida tras el conflicto bélico. El mundo de Franz, y de todos los niños criados y nacidos en aquel momento, cambió tras el hito de su selección en el Mundial de 1954. Alemania conseguía vencer a la todopoderosa Hungría de Puskas por 3-2 en una final que se conoció como el Milagro de Berna (los alemanes habían caído derrotados en la primera fase por los húngaros 8-3) y se coronó campeón mundial por primera vez.

La victoria alemana sanó un poco la herida de la sociedad alemana y abrió un nuevo camino lleno de esperanza a los niños criados tras la Gran Guerra. Todos querían ser como los héroes de Berna. Querían ser futbolistas. La ilusión del pequeño Franz por ser futbolista pudo con la oposición de su padre, director en una oficina de correos, que se negaba a que su hijo se dedicará al deporte rey y el chico comenzó su carrera en la cantera del equipo más puntero de la ciudad: el Múnich 1860. Y la empezó jugando y destacando…de delantero.

En aquel equipo estuvo hasta los 14 años debido a una decisión sorprendente, y es que el equipo de Munich decidió cerrar la mayoría de sus divisiones inferiores lo que le planteó a Franz la disyuntiva de unirse al segundo equipo de la ciudad el 1906 Munich o al modesto Bayern de Munich que, por aquel entonces, deambulaba por los puestos bajos de la clasificación. El genio alemán eligió el Bayern. Una de las decisiones que cambiarían el destino del club bávaro. El segundo equipo de la ciudad alemana se convirtió en el primero, para luego pasar a ser el más grande de Alemania y terminar siendo uno de los gigantes del fútbol europeo.

En la temporada 1964/65, y tras cinco años en la cantera del club bávaro, el centrocampista alemán dio el salto al primer equipo de la mano del técnico yugoslavo Zlatko Cajkovski. Ya había debutado en la temporada anterior, pero fue en 1964 cuando se asentaría en el centro del campo del Bayern. Tenía 19 años y ya era pieza fundamental del ascenso que obtendrían en esa temporada a la recién creada Bundesliga.

En esa primera temporada, el mundo empezaría a hablar de ese joven alemán que empezaba a dominar la liga de su país mostrando unas cualidades y un talento innato. Ese chico lo tenía todo liderazgo, mando y carácter, además de mostrar un control y una técnica con balón inaudita en la época.

Frank Beckenbauer disputando la final del Mundial de 1966 ante Inglaterra (FIFA)

La explosión del emperador y la creación del libero definitivo

El Mundial de 1966 y la llegada al banquillo del Bayern de Branko Zebec marcaría un antes y un después en la vida Franz. Con tan solo 20 años, dos temporadas en la liga alemana y tras conseguir su primer título la Copa Alemana, el seleccionador Helmut Schön convoca a Beckenbauer para disputar la Copa del Mundo de 1966. Quien se pensará que Franz iba a foguearse a tierras británicas estaban muy equivocados, con 20 años Beckenbauer fue pieza fundamental en el centro del campo de la selección alemana.

En aquel torneo, la Brasil de Pelé cayó eliminada en grupos ante Portugal en un partido donde O Rei tuvo que retirarse lesionado ante la dureza lusa. Corea del Norte llegó sorpresivamente a unos cuartos de final donde, tras ponerse con un 0-3, acabó siendo derrotada ante el torbellino liderado por Eusebio, el gran dominador de aquel Mundial portando en sus pies las famosas zapatillas PUMA Wembley. Eusebio y su Portugal parecían encaminarse a la final pero se encontraron con la Inglaterra de Sir Bobby Charlton que les apearon en un partido histórico. Inglaterra esperaba rival en la final…y ese rival fue la Alemania de un sorprendente Beckenbauer que había destacado en durante todo el torneo, había anotado cuatro goles y posteriormente se llevaría el premio a mejor jugador joven de aquel mundial.

Alemania cayó en esa final con el gol más polémico de la historia de los mundiales pero prendió la mecha de lo que sería la gran dominadora de Europa y del mundo en la década de los 70 con un Beckenbauer erigido lider espiritual y futbolisitico de esa generación.

El Bayern comenzaría su ciclo ganador, aun con Cajkovski en el banquillo, con su primer título internacional: la Recopa de Europa de 1967. En ese equipo junto a Beckenbauer estaban Sepp Maier, el legendario portero y Gerd, el torpedo, Muller. Los que serían la columna vertebral del Bayern y de la Alemania campeona. Tras la Recopa Cajkovski se marchó y su lugar en el banquillo del Bayern lo ocupó Branko Zebec. El de Zagreb, pese a solo estar dos años, fue de vital importancia para Beckenbauer y para el fútbol mundial: fue quien posicionó al genio alemán en el centro de la defensa. Un reinvención que nos permitió vislumbrar a una leyenda y desató el verdadero potencial del alemán.

A partir de ahí nació un nuevo futbolista. Diferente al resto, con la pose de un general sobre el campo. Siempre con la cabeza levantada sabiendo qué hacer en cada momento. No había nervios en ese chaval que apenas superaba la veintena. Su forma de jugar le valió el apelativo Der Kaiser (‘El Emperador’). Elegante y fino pero al mismo tiempo contundente y efectivo. Rápido e infranqueable. Y con una visión de juego y una inteligencia táctica muy superior a la de los demás. Franz Beckenbauer demostraría al mundo entero que la defensa no estaba reñida con la creación y que podían y debía convivir.

Los títulos fueron cayendo al mismo ritmo que Beckenbauer y su Bayern copaban las portadas de los grandes diarios alemanes. Era el preludio de la era alemana en Europa y en el mundo. El comienzo de la década de los 70 o lo que es lo mismo: El duelo entre el fútbol total de Johan Cruyff y la sobriedad y técnica de Beckenbauer.

Frank Beckenbauer y Johan Cruyff, eternos capitanes y rivales

El ciclo ganador de Frank Beckenbauer y su rivalidad con Johan Cruyff

La década de los 70 comenzó con uno de los eventos futbolísticos más importantes de todos los tiempos y en el cual se coronó al mejor de los mejores: la Brasil de Pelé conseguía su tercera Copa del Mundo. En México en un torneo que pasaría a los anales como uno de los más importantes de la historia del fútbol. Allí Beckenbauer volvió a dejar una imagen para el recuerdo y a engrandecer su figura como futbolista en aquel partido de semifinales entre Alemania e Italia. Quizás el encuentro más grande de la historia de los mundiales.

Aquel partido terminó con un tanteo de 4-3 a favor de los italianos y fue conocido como el «Partido Del Siglo». Pero más allá del imponente intercambio de golpes, de lo imprevisible de su argumento llegando a una prorroga con cinco goles, del dramatismo de su desenlace con el gol de Gianni Rivera y de la lucha sin cuartel que protagonizaron, la imagen que ha pasado a la posteridad de lo vivido el 17 de junio de 1970 en el Estadio Azteca es la de Franz Beckenbauer con el brazo en cabestrillo.

Tras un encontronazo con Giacinto Facchetti en la prórroga, el libero alemán se dislocó el hombro, el dolor era visible en el gesto de la cara del alemán pero Beckenbauer se negó a salir del campo, pidió a los médicos que le vendasen el brazo y continuó en el terreno de juego liderando a sus compañeros solo parta no dejar a su selección con diez jugadores. La imagen del alemán conduciendo y subiendo el balón con el brazo en cabestrillo se convertiría en historia del fútbol. Lideró a su selección hasta la última gota de sudor en aquel partido del siglo. Alemania cayó de pie. Ya tenía a un nuevo emperador.

Tras los sinsabores de los dos mundiales, la década de los 70 fue la más prolífica de la historia de Alemania y el Bayern con Beckenbauer de líder. La selección alemana puso fin a su mala fortuna en los torneos internacionales y conquistaron la Eurocopa del 72 en un torneo donde fue netamente superior a todos sus rivales y donde Gunter Netzer destacó en el centro del campo.

El Bayern continuó su ciclo ganador en Alemania pero en Europa, pese a contar con una de sus mejores generaciones de jugadores, no pudieron con el fútbol total que venía de Amsterdam. El Ajax de Johan Cruyff que conquistó tres veces la Copa de Europa (del 70 al 73) y masacró al Bayern de Beckenbauer un 7 de marzo de 1973 con un sonrojante 4-0. Algo que Franz no iba a olvidar y pronto cobraría su venganza en la máxima cita futbolística. En aquel Mundial del 1974.

Antes de aquel Mundial el Bayern también destronaría al Ajax y terminaría con su reinado en Europa. El club bávaro conseguiría, por fin, su primera Copa de Europa en una final que tuvo que irse al partido de revancha ante el Atlético de Madrid de Luis Aragones. Tras la conquista de Europa, Beckenbauer, ya capitán de Alemania se fijó la conquista del mundo. Y el objetivo era claro: El Mundial que se disputaría en su país en 1974.

En ese Mundial, Alemania sin hacer mucho ruido, y con un fútbol menos virtuoso que en la Eurocopa del 72, llegó a la final. Por el otro lado, el fútbol total de la Naranja Mecánica aniquiló a cualquier rival que se le pusiera delante incluida a la que era la vigente campeona Brasil. Parecía predestinado: la Alemania (y el Bayern) de Franz Beckenbauer frente a la Holanda (y el Ajax) de Johan Cruyff. El rey y el que quería, y ya había conseguido, destronarle en Europa. El duelo de duelos. Y salió victorioso Beckenbauer. Por fin levantó la ansiada Copa del Mundo veinte años después de que lo hiciera Fritz Walter en Berna.

“Johan era mejor pero yo gané la Copa del Mundo”.

Frank Beckenbauer

Tras la conquista del Mundial, Beckenbauer continuo su ciclo victorioso sumando otras dos Copas de Europa, un balón de oro (ya tenía otro tras su excelente Eurocopa del 72) y varias ligas alemanas. En 1977, tras ganar todo lo que un jugador podía ganar, decidió marcharse a Estados Unidos con una intención clara: jugar con el mejor, jugar con Pelé en el NY Cosmos. Tras varios años en Estados Unidos donde continuó ganando y una nueva aventura en Alemania, en el Hamburgo, el Kaiser del fútbol alemán se retiro en 1983.

Frank Beckenbauer con el hombro en cabestrillo en el Partido del Siglo

El legado del Kaiser

Ni a un colgando las botas Franz Beckenbauer dejó de ganar. Tan sólo un año después de colgar las botas las botas, el alemán se hizo con el cargo de República Federal Alemana. Tras llegar a la final de la Copa del Mundo en 1986 y las semifinales de la Eurocopa en 1988, el alemán llegó a la cima como técnico en Italia 1990. Su selección se proclamó campeona del mundo, dieciséis años después que él mismo levantara la última copa en Múnich. Él, Didier Deschamps y Mario Zagallo son los tres únicas personas que han ganando la Copa del Mundo como entrenador y jugador. Títulos a los que anadió una Bundesliga y una Copa de la UEFA con el Bayern.

El ‘Kaiser’ logró dejar una huella imborrable tanto a nivel de clubes como de selecciones, incluso llegando a inventar una posición que no se estilaba en su época, la del libero. Convirtió al defensa en una posición dominante en el fútbol y dio a esta posición la relevancia e importancia que merece en el deporte rey.

Franz Beckenbauer se erigió en un figura, en una leyenda que los transcendió todo. Estas grandes estrellas tienen el poder y la capacidad de cambiar la dinámica de un club y de una selección y marcar una época en el fútbol mundial. Pueden convertir un equipo modesto en superpotencia mundial. Los grandes nombres de este deporte tienen ese poder. Y el gran mérito del Kaiser es que lo hizo desde la posición más complicada de todas: la defensa.

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