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Enrico y Federico Chiesa: Legado del gol familiar

«Ese chico se convertirá sin duda en un gran jugador. Lo he visto jugar en el jardín de su casa desde que era un niño. Es increíble, tiene exactamente los mismos movimientos que su padre«. Una frase enunciada hace más de diez años. Una profecía que se convertiría en realidad. Quien la enunció fue Hernán Crespo, el legendario delantero argentino en 2010 y a quién se refería era a Federico Chiesa, hijo de su compañero y amigo en Parma, Enrico Chiesa. Una saga de delanteros fantástica y una dinastía padre e hijo que está haciendo historia en Europa.

Ya hemos hablado en STELLARS de las sagas familiares más importantes de la historia del fútbol: El legado en la portería de los Schmeichel y el familiar que han dejado los Maldini en Milán. Hoy os traemos una nueva entrega de uno de los legados más interesantes del fútbol actual: la saga de delanteros Chiesa donde padre e hijo comparten pasión, posición y forma de afrontar el fútbol. Los Chiesa, los delanteros imparables de Italia.

Y es que el fútbol a veces es muy caprichoso. Cada jugador de fútbol se expresa de una manera distinta en el campo y, aunque sean familia como lo fueron los Maldini, cada uno terminó jugando de una manera diferente o en distintas demarcaciones. Los Chiesa son la excepción. Padre e hijo representan un tipo de delantero muy concreto: eléctrico, imprevisible, trabajador, versátil y sobre todo, con una facilidad increíble para anotar gol partiendo desde diferentes posiciones de ataque. Anotando goles idénticos que ya son historia.

En Italia existen dos sagas de familias futbolísticas muy famosas, los ya mencionados Maldini, y los Mazzola (Valentino y Sandro) a los que pueden mirarse al espejo los Chiesa. El fútbol suele ser muy injusto, más bien su historia, y siempre se tiende a recordar a uno por encima del otro. Esta «batalla» la ganaron Paolo y Sandro los dos hijos. Y parece que la historia va a continuar y Enrico pasará de ser conocido como «Chiesa» a ser el padre de Federico, quien con 23 años ya es campeón de Europa siendo jugador capital de la Azzurra. Una camiseta que también vistió su padre.

Justo en esa Euro 2020 donde Federico Chiesa salió campeón, sucedió uno de los acontecimientos más llamativos de la historia del fútbol europeo: los Chiesa se convertían en los primeros padre e hijo en anotar en el torneo. Enrico lo hizo en la Euro 96 con un gran gol ante República Checa en Liverpool. Federico en la prórroga ante Austria para clasificar a Italia a cuartos y luego para eliminar a España en las semifinales con un gol que ya es historia de la selección italiana.

Y no solo en la Eurocopa los Chiesa han hecho historia: son una de las pocas sagas padre e hijo que tienen el honor de haber marcado en la máxima competición continental. Y, además, son los únicos que en competición europea (en Champions en el caso de Federico y en UEFA en el caso de su padre) en anotar un doblete. Una saga de récords que al ritmo imparable que va la carrera de Federico, tanto como cuando conduce el balón, se va a agrandar.

Una saga con Florencia en el corazón

Enrico explotó con una edad más avanzada que la de su hijo. Tras unas temporadas en la Sampdoria en Serie A donde nunca encontró regularidad transitó por equipos de Serie B y C hasta que el Cremonese le dio una nueva oportunidad en la Serie A que supo aprovechar. Allí marcó 14 goles en una temporada, lo que provocó que la Samp volviese a fijarse en él. En el equipo de Genova formó una gran dupla con Roberto Mancini, actual seleccionador italiano y actual entrenador de su hijo en la Azzurra, y anotó 22 goles en esa campaña. Enrico ya era una realidad y el Parma, uno de los equipos punteros de la Seria A le firmó. Ese Parma era un auténtico equipazo: Buffon en la portería, con dos centrales como Cannavaro y Thuram, en el medio contaba con Dino Baggio y la «Brujita» Verón. Y arriba… arriba estaba una de las delanteras más temibles de la Serie A: Hernán Crespo y Enrico Chiesa.

En Parma, Chiesa ganó la Copa de la Uefa y la Coppa de Italia, además de conseguir un subcampeonato de la Serie A. Allí se convertiría en uno de los delanteros más temibles de Italia. Y allí comenzó su calvario con las lesiones que le pasaría factura durante toda su carrera. Las lesiones truncaron una trayectoria que parecía meteórica, pero que Enrico luchó por mantenerla. Tras tres grandes campañas en Parma, fichó por la Fiorentina. En una Fiore donde volvería a juntarse con uno de los mejores delanteros del momento: Gabriel Omar Batistuta.

En Florencia dejó grandes momentos, una buena cantidad de goles y un título: la Coppa de Italia pero quizás lo más importante que dejó fue su legado: el mayor obsequio de su vida, su hijo Federico. Que nació mientras Enrico jugaba en Genova en el Parma, pero que en Florencia hizo su vida e inició su trayectoria como futbolista. Enrico se retiró tras 22 temporadas al máximo nivel y 171 goles, de los cuales 138 fue en la máxima categoría de su país convirtiéndole en uno de los máximos goleadores de la historia de la Serie A. Las lesiones truncaron una carrera que parecía destinada a la máxima de las glorias pero que su hijo Federico la continuó donde Enrico la dejó.

Ya hemos mencionado los paralelismos a la hora de jugar de los Chiesa y es que Enrico Chiesa era considerado, como su hijo, uno de los delanteros más excitantes y dinámicos de Italia a mediados de los 90. Rápido, fuerte, trabajador y elegante. Su gran técnica a la hora de conducir el balón a grandes velocidades le permitía sobresalir en esos contragolpes que tantas veces hemos visto a su hijo hacer. Jugaba principalmente de segundo delantero pero aparecía por todos los frentes del ataque gracias a su inteligencia táctica. Sabía aparecer donde podía hacer más daño al rival. Oportunista con una excelente capacidad de disparar a portería y con un gran lanzamiento a balón parado (marcó 13 goles de libre directo en la Serie A). Esas virtudes le convirtieron en el delantero de moda en el fútbol italiano. Ya que a su talento se le unió esa capacidad de sacrificio que levanta a los seguidores de sus asientos.

Unas cualidades que heredó su hijo Chiesa. Debemos recordar la frase de Hernán Crespo con la que hemos iniciado el artículo «Es increíble, tiene exactamente los mismos movimientos que su padre«. Y es que Federico es un calco en la forma de jugar que su padre. Pero no a su carrera, Federico ha tenido una explosión mucho más temprana y está llamado a marcar una historia en su país llegando ya a ser una de las máximas referencias de la selección italiana campeona de Europa. Algo que no pudo cumplir su padre seguramente debido a la cantidad de lesiones que sufrió.

Federico inició su carrera como ya hemos mencionado en Florencia. Ya a los nueve años entró en la cantera viola y empezó a destacar con la camiseta morada de la Fiorentina. Internacional en todas las categorías inferiores de Italia pero en la cantera de la Fiorentina nunca explotó. Pareció que su potencial estaba encadenado. Durante muchas temporadas no fue un titular habitual, y solo hasta que no alcanzó el juvenil de la Fiore y se cambió el sistema posicionándole en la banda izquierda no se empezó a ver al mejor Chiesa. Ya en esa posición Chiesa comenzó a demostrar y se empezó a ver el potencial desmesurado del hijo de Enrico. Un potencial que estaba latente y que se quitó los grilletes desde esa posición en el costado izquierdo.

A partir de ahí, Chiesa inició una carrera meteórica al estrellato. Debutó con 18 años con la Fiorentina. Y pronto se ganó un sitio en el once titular del club viola. Jugando contra la gran esperanza italiana del momento Federico Bernardeschi, juntos hicieron una Fiore ganadora. Bernardeschi se marchó a la Juventus, años más tarde le seguiría el propio Chiesa, pero tras eso en la Fiorentina se creó un tridente con historia: formaron arriba Gio Simeone, Gianis Hagi y nuestro querido Federico Chiesa. Los hijos de Enrico Chiesa, Cholo Simeone y Gica Hagi iban a coincidir como titulares en un mismo club. Descarados, jóvenes y con talento. Y en ese tridente el que destacó fue Chiesa que terminó por explotar del todo. Abandonó la cal de la banda izquierda para, como su padre, moverse y aparecer por todo el frente y aceptó la responsabilidad del ataque viola convirtiéndose en su máximo referente. Federico asumió el legado de su padre y lo potenció.

De la Fiore dio el salto a la Juventus como cedido. Y en Turín volvió a dar un salto de nivel tras un comienzo dubitativo pero que tras, su gran torneo en la Euro 2020, se ha convertido en la máxima esperanza italiana desbancando a su antiguo compañero en la Fiore y compañero actual de la Juventus Bernardeschi. Ahora Chiesa, con 23 años, se ha convertido en uno de los mejores jugadores del mundo y seguramente en uno de los delanteros más excitantes para ver del momento. Como lo fue su padre.

Un legado, el de los Chiesa, unido con un hilo en la historia de un jugador legendario de Italia: Gigi Buffon quién coincidiría con los dos en etapas de su vida y con los dos ganaría el mismo título: la Coppa de Italia. Con Enrico en aquel legendario Parma. Con Chiesa en la todopoderosa Juventus actual. A Buffon solo le quedó resignarse por el paso del tiempo y seguir experimentando en los entrenamientos o en los partidos lo que es sufrir a un delantero como los Chiesa: cuando te quieras dar cuenta ya te han marcado gol.

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