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Johan Cruyff: El legado del carácter

Si existiera una palabra capaz de definir a Johan Cruyff de forma rápida y concisa solo podríamos elegir una: carácter.

Es imposible que un jugador sin carácter amenazara con no asistir a un mundial con su selección, sabiéndose incluso con posibilidades de ganarlo, simplemente porque no le dejaban llevar el logo de su patrocinador.

En 1974 la «naranja mecánica» de Cruyff disputaría el mundial de fútbol en la República Federal Alemana. Por aquel entonces Adidas era sinónimo de Mundial, era sinónimo de fútbol y sobretodo era el patrocinador oficial de su selección. Lejos de resignarse Johan amenazó con no jugar aquel mundial sino le dejaban vestir las dos franjas de su sponsor, Puma, rival en lo empresarial de la firma alemana. Tal fue la presión que provocó que Cruyff fue el único jugador de toda su selección que fue autorizado a lucir Puma en su vestimenta.

Carácter también fue lo que demostró en 1980, el año que mientras presenciaba un partido del Ajax como espectador en el que su equipo perdía contra el Twente en la primera parte hizo lo impensable. Más de 13.200 espectadores murmuraban en el estadio Der Meer justo después de que el español Sánchez Torres marcara el 1-3 del Twente. A pesar de que el marcador lo inauguró el equipo «ajacied» con un gol de falta directa dos tantos del goleador Thoresen y un zapatazo del español del bigote Sánchez Torres, ponían a los de Leo Beenhakker en un embarazoso 1-3 abajo ante los «Tukkers».

Johan Cruyff se revolvía incómodo en su asiento a punto de llegar al final de la primera parte mientras que en el césped el zaguero del Twente Tjalling Dilling comenzaba a notar algo raro.

“Estábamos bien colocados en el campo. Los futbolistas del Ajax no podían hacer nada, estábamos haciendo un partidazo”, recuerda Dilling. “No vi nada, solo comencé a notar que la multitud empezaba a rugir” y “Después llegó él”, refiriéndose, evidentemente, a Johan Cruyff, quien sin mediar palabra se bajó de la grada, abrió el portón metálico que separaba la zona de los banquillos y se sentó junto a un atónito Beenhakker y el resto del cuerpo técnico.

Si bien es cierto que Cruyff en ese momento no tenía ya relación con el Ajax si que era vox populi que en los próximos meses se incorporaría como director deportivo, a pesar de aquello todo el estadio alucinaba con lo que acababa de pasar.

Justo antes del descanso un gol de Tscheu La Ling reducía diferencias para el Ajax, 2-3.

La segunda parte comenzó y Dilling volvió de nuevo a sentir que algo había cambiado: “El ambiente se agitó, uno sentía que algo estaba cambiando, pero no veíamos lo que era”.

Hasta que de pronto lo vió. En el banquillo con su chaquetón marrón Cruyff gesticulaba y daba órdenes a los jugadores del Ajax sin parar de alentar a los jugadores y a los aficionados.

Los jugadores del Twente se miraban entre sí sin poderse creer aquello y más aún dándose cuanta de que además estaba teniendo efecto.

El equipo de Amsterdam dio un paso adelante ante las arengas del «jefe» y comenzaron a presionar cada vez más arriba. El Twente no había cambiado su planteamiento y sin embargo el Ajax cada vez luchaba con más fiereza.

En el minuto 72 llegaba la igualada.

Dilling era consciente de lo que estaba por venir: “Nosotros no bajamos el nivel, fue el Ajax el que lo empezó a dar todo sobre el césped, como si su motivación se hubiera triplicado tras la irrupción del ‘jefe’ en el campo. La Ling, por ejemplo, no había aparecido en 30 minutos. Después marcó un doblete

No podían hacer absolutamente nada.

Cruyff daba entrada a un jovencísimo Frank Rijkaard y mandaba ajustar la posición de otros tantos jugadores. Por contra El Twente intentaba resistir quitando a un centrocampista y dando entrada a un defensa más pero una mano al borde su área acabó convirtiéndose en gol. 4 – 3.

Arnesen puso la rúbrica a la hazaña del Ajax marcando el 5 – 3.

En el banquillo, Johan Cruyff no escondía su felicidad y ante la prensa daba su versión: “Estábamos perdiendo y me sentía impotente, no me sentía útil ahí arriba. Para dar consejos y ver cómo se pueden ajustar las cosas, es mejor estar a pie de campo. Y además, dos cabezas piensan mejor que una. Mientras uno medita, el otro da instrucciones. Así los jugadores se deben esforzar más”.

Por el contrario Leo Beenhakker , mucho menos contento, intentaba no quedar como un inútil y restaba importancia al incidente: “No tenía sentido replicarle, yo soy el único jefe a bordo. Los dos estamos preocupados por el destino del Ajax. Hemos hablado conjuntamente para tratar de remontar el partido. No ha sido un problema”.

Para los jugadores, en cambio, había tenido algo más de importancia: “Cruyff quiso ayudar al entrenador y al equipo, pero sobre el campo nos decíamos: ‘Johan, otra vez no’”, explica Boeve. “Aquello podría haber afectado a la credibilidad de Beenhakker. Leo era un entrenador joven, tuvo malos resultados y Cruyff devolvió el buen juego en 45 minutos”.

Años después Beenhakker recordaba la anécdota con otro tono “Le tendría que haber dado un puñetazo”.

Carácter sin duda de una persona que nos ha dejado una leyenda, una huella y un legado irrepetible. Johan Cruyff.

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