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El 9 más falso de la historia: Carlos Henrique Raposo, «El Kaiser».

En la historia del fútbol muchos han sido los jugadores se han sentido engañados por sus equipos. Ya sea a la hora de renovarles o bien prometiéndoles un protagonismo que finalmente nunca llegó existen casos de jugadores que se han sentido realmente estafados por grandes clubes.

Pues bien, durante los años 80 un jugador se erigió como vengador y engañó a clubes de primerísimo nivel de una forma muy sencilla: haciéndose pasar por crack cuando en realidad no tenía ni idea de fútbol.

Carlos Henrique Raposo nació en Rio Pardo, Brasil, el 2 de Julio de 1963 y desde siempre tuvo claro su objetivo en la vida. Carlos quería ser jugador de fútbol de élite.

Sin embargo no lo hacía por el éxito deportivo ni por su amor al fútbol sino porque deseaba la fama y la fortuna del los jugadores.

A los 23 años Carlos solía frecuentar discotecas en busca de jugadores de primer nivel y ahí fue cuando encontró su oportuinidad. A Mauricio De Oliveira Anastácio, jugador estrella del Botafogo, le cayó muy bien aquel chico con desparpajo y acabó accediendo a ser su representante.

Debido al parecido físico con Franz Beckebauer, Mauricio decidió apodar a Carlos como «El Kaiser», y elaboró para su nuevo amigo un currículum partiendo de un jugador que compartía casi su nombre completo, Carlos Enrique (sin hache), ganador de la Copa Libertadores y de la Intercontinental de 1984 con Independiente.

Su nueva identidad cobraba vida.

Gracias a la recomendación de Mauricio, el propio Botafogo fue el primer club que cayó en la trampa. A bombo y platillo el fichaje de «El Kaiser» fue anunciado y Carlos ingresó en las filas del equipo carioca. El sueño se había cumplido, ahora solo había que solucionar el problema de su falta de calidad pero para eso ya tenía un plan. En su primer entrenamiento «El Kaiser» fingiría una temprana lesión en el calentamiento. Cojeando Carlos Henrique se retiró de la sesión y tras observarle los médicos decidieron darle 20 días de descanso. Hay que tener en cuenta que en aquellos años no existían las resonancias magnéticas ni ninguna otra forma de diagnosticar lesiones por lo que la palabra del jugador bastaba para mandarlo a casa. En cualquier caso ¿quién iba a pensar que el jugador estrella no quería jugar?

Tras varias recaídas el Botafogo ya veía en Carlos un problema, así que no se interpusieron cuando el Flamengo contrató sus servicios gracias a la ayuda de Renato Gaúcho, otro jugador del que se hizo íntimo.

En su nueva casa Carlos aparecía día si y día también hablando en inglés a través de un enorme teléfono satélite. Todo el mundo pensaba que hablaba con clubes europeos hasta que uno de los preparadores físicos que había trabajado en Inglaterra se dio cuenta de que las conversaciones no tenían sentido. Aún así nadie dijo nada y tras varios meses lesionado en el Flamengo «El Kaiser» fue fichado por los El Paso Patriots de EEUU.

Sus artimañas siempre funcionaban e incluso Carlos contaba con un dentista amigo suyo que le hacía informes médicos de molestias musculares por lo que fueron pasando los años y los equipos que le fichaban. Bangú, Ajaccio, Fluminense, Vasco Da Gama y América FC entre otros.

Desde luego Carlos Henrique tuvo que jugar algún que otro partido, 20 o 30 llegó a disputar pero todos amistosos y en todos ellos no tuvo protagonismo.

En 1989 mientras estaba en el banquillo de Banjú, el entrenador recibió una llamada directa del presidente del club pidiendo que «El Kaiser» saltara al campo. Él comenzó a calentar sabiendo que si le sacaban toda su tapadera saltaría por los aires. De pronto vio que tras la portería de su equipo un grupo de aficionados estaban insultando al portero. Carlos aprovechó, comenzó a discutir con ellos, salto la valla e inició una pelea.

Fue expulsado por aquello y cuando tuvo que dar explicaciones a Casto de Andrade, presidente del club, su excusa fue increíble:

“Antes que diga cualquier cosa, Dios me dio un padre biológico y me dio otro. Así que nunca voy a permitir que los hinchas digan que mi padre es un ladrón que hace cosas malas, y eso es lo que dijeron los hinchas de usted y por eso me pelee. Lo siento, en 15 días me iré del club.”

Casto de Andrade lo agarró por el cuello y le plantó un beso en la cara. No solo no le echó del equipó sino que lo renovó por 6 meses más.

Poco a poco Carlos fue haciéndose amigo de más y más jugadores que le recomendaban a otros clubes, como Carlos Alberto o Ricardo Rocha.

En su presentación en el Ajaccio francés vivió otra situación surrealista.

Al llegar al campo miles de aficionados y prensa le esperaban para verle dar toques con el balón demostrando así su calidad. En vez de eso «El Kaiser» se dedicó a patear balones hacia la grada y a besarse el escudo. Los aficionados enloquecieron con los regalos pero los dirigentes se llevaron las manos a la cabeza. Más de 50 balones fueron regalados a discreción por Carlos.

Como «El Kaiser» era una persona entrañable la prensa nunca habló mal de él haciendo que su leyenda llegara hasta nuestros días con una película y un documental dedicados al mejor peor jugador de todos los tiempos.

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