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Bobby Moore, el legado de un Gran Capitán

Nadie puede entender el fútbol sin sus mitos. Entrenadores y jugadores que han hecho de este deporte algo épico, bello e irremediablemente adictivo, nombres que formarían parte del Salón de la Fama del fútbol. Destacamos la carrera de Bobby Moore, un futbolista por el que hoy se pagarían grandes sumas de dinero. El inglés, en cierto modo, inventó una nueva manera de defender. Alejada de los estrictos estereotipos británicos.

Booby Moore, Londres (12 de abril de 1941- 24 de febrero de 1993). Jugó en el West Ham (Inglaterra), Fulham (Inglaterra), Seattle Sounders (EEUU) y San Antonio Thunder (EEUU). Fue internacional en 108 partidos con la selección inglesa y en su palmarés figuran:

  • 1966 Campeón del mundo.
  • 1964/65 Campeón de la Recopa.
  • 1963/64 FA Cup.

Futbolista inmaculado. Grandioso defensor. Héroe inmortal de 1966. Primer inglés en levantar la Copa Mundial. Hijo predilecto del East End londinense. Mayor leyenda de West Ham United. Tesoro nacional. Amo de Wembley. Señor del fútbol. Capitán extraordinario. Caballero eterno”. Son las palabras que se escriben bajo su estatua en el Wembley. Con seis metros de alto, su efigie guarda el templo del fútbol inglés. Siempre con la camiseta ‘pross’ y un balón en sus pies.  Su recuerdo también es inmenso al otro lado de Londres, en el West Ham, “La Academia’, donde debutó a los 15 años y se mantuvo como cabeza principal del equipo hasta los 31. Moore fue un futbolista adelantado a sus tiempos. Pelé, gran amigo suyo, lo destacó como el mejor defensor al que se había enfrentado jamás tras verse las caras en un Brasil-Inglaterra en el Mundial de México 1970. También fue elogiado por Franz Beckenbauer, con el que le unía un gran parecido en su juego, y su entrenador en el Mundial de 1966, Sir Alf Ramsey. “Mi capitán, mi líder, mi mano derecha. Encarnaba el espíritu del equipo, era el latido de su corazón. Un futbolista sereno y calculador, al que podía confiarle mi propia vida. Era el profesional por antonomasia, el mejor con el que he trabajado nunca. Sin él Inglaterra nunca habría ganado el Mundial”, señaló sobre él el seleccionador inglés tras conquistar la estrella para Inglaterra.

Sport, Football, pic: 30th July 1966, 1966 World Cup Final at Wembley, England 4 v West Germany 2 a,e,t, England captain Bobby Moore holds aloft the World Cup (Jules Rimet trophy) as the team gather around to celebrate (Photo by Rolls Press/Popperfoto/Getty Images)

Moore representaba en todos los sentidos las características del caballero inglés, tanto dentro y fuera del campo. Tony Blair, ex Primer Ministro británico, señaló sobre él que “era un futbolista fantástico. Si buscamos un modelo de conducta en la vida pública, Bobby Moore es un candidato bastante bueno”. Casi nunca dio una patada. Defendía adelantándose a los rivales, con una inteligente extrema. Detrás de su cara aniñada se escondía uno de los mejores defensas de la historia del fútbol mundial. Muchos aún hoy le colocan de titular en un hipotético once conformado por los mejores jugadores de la historia.

Bobby Moore nació en Barking, un suburbio de Londres, donde se fraguó un futbolista puro que rompió con todos los esquemas. A pesar de su talla (1,83), Moore nunca destacó por su potencia, más bien todo lo contrario. Su agilidad, mental y física, marcaron toda su carrera. Era un jugador pragmático, también en su vocabulario: “Si no encajas un gol, vas a ganar más partidos que pierdes”. Simple y claro, como su táctica para defender a los mejores. Moore siempre fue fiel al West Ham, club al que llegó a los 15 años. En “La Academia” terminó de dar forma a su excelsa manera de defender. Unos avances que le llevaron a debutar con el primer equipo a los 17 años. Desde entonces, ya nunca más salió del once. Jugó un total de 500 partidos para ganar una Recopa, una FA Cup y una Charity Shield con la camiseta de los “Hammers”. No fue un futbolista de títulos. Moore es más recordado por su juego y una imagen, la que le convirtió en leyenda. Llegó en el Mundial de 1966. Un campeonato que apuntó estuvo de no jugar tras quedarse sin contrato en el West Ham tras un enfrentamiento con su entrenador, Ron Greenwood. La intervención mediadora de Ramsey, seleccionador inglés, fue clave para que el central no se perdiera el Mundial. Ramsey reunió a ambos en un hotel de Londres para que firmaran la paz y un nuevo contrato que permitiera Moore jugar el campeonato. El capitán inglés fue el encargado de levantar la Copa del Mundo que conquistó su selección en una de las finales más polémicas de la historia. En total, Moore jugó 108 partidos con la camiseta “pross”, siendo capitán de la selección desde los 22 años.

Otro de los momentos de Moore llegó en el Mundial de México 1970. Dicen que una imagen vale más que mil palabras. Pues bien, el central inglés representó toda su carrera en una acción ante Jairzinho en el mítico Brasil-Inglaterra. Fue una corte (‘tackling en inglés) perfecto. Limpio, arrebatando el balón de los pies del jugador brasileño como quien tuviera un imán en sus pies. Su abrazo al final del partido con Pelé también marcó su carrera. Y es que en Moore había una cosa extraña: los delanteros rivales, a pesar de sufrir su marcaje, siempre acaban acercándose a él al final del partido. Una señal de respeto a un caballero.

En aquel Mundial, Moore completa un espléndido torneo y se gana la admiración y la amistad de Pelé (con quien coincidirá una década después en el rodaje de la película ‘Evasión o victoria’), pero Inglaterra cae en cuartos de final frente a Alemania Federal en un partido que se decide en la prórroga.

Bobby Moore era capaz de cortar gran cantidad de balones sin necesidad de dar patadas a los adversarios, de hecho, a lo largo de su carrera fue amonestado en muy pocas ocasiones, su elegancia jugando era sencillamente espectacular. Está considerado como uno de los mejores defensores de la historia del fútbol.

No obstante, en la carrera de todo mito siempre hay algunos renglones torcidos. Sus últimos años los agotó en el Fulham (cuatro en total) y probó suerte por Estados Unidos, donde apuntaló su gran amistad con Pelé y demás grandes personalidades del fútbol que hicieron las Américas. En el terreno personal nunca estuvo tan acertado como de jugador: fracasó en los negocios y en su matrimonio. Dos tipos de cáncer terminaron por derribarlo demasiado pronto. El último, de colón, se lo llevó con 51 años. Más de veinte años después de su muerte, nadie duda que Moore fue el mejor jugador del West Ham y el capitán eterno de la selección inglesa.

Por Juanjo Vila

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